martes, 17 de noviembre de 2009

Guayaquil

GUAYAQUIL



La primera incursión española al Golfo de Guayaquil fue sin duda la de Pizarro y sus hombres a fines de 1531.

Cuando Pizarro llega al Canal del Morro (el Yagual de ese entonces), viniendo de San Matero (Esmeraldas), había pasado ya por Jipijapa, Salango, Coloche, y las tierras de Sumpa (Santa Elena).
El primer vehículo aborigen con el que los galeones españoles se toparon fue la balsa. Fabricadas para realizar tanto largas como cortas travesías, dueñas del Pacífico antes de la incursión del galeón, las balsas tuvieron una estrecha relación con Guayaquil y con su historia, no sólo por haber sido el principal medio de locomoción fluvial y marítimo de los pueblos antiguos, sino porque, a más de esto, ellas mantuvieron un vínculo extremadamente importante con los habitantes de la región por muchísimo tiempo, al punto que luego de trescientos años de fundarse la ciudad, todavía eran parte del paisaje fluvial que presentaba el río. Pruebas de este hecho son los grabados de la expedición en la que vino el sabio Humboldt, entre los que se incluyó uno de la famosa "balsa de Guayaquil


Ciudad Nueva y Ciudad Vieja







En 1741 se publica en España la obra "COMPENDIO HISTÓRICO DE LA PROVINCIA, PARTIDOS, CIUDADES, ARTILLEROS. RÍOS Y PUERTO DE GUAYAQUIL EN LAS COSTAS DE LA MAR DEL SUR", escrita por Don Dionisio de Alsedo y Herrera, ex presidente de la Real Audiencia de Quito.

Entre sus indiscutibles méritos, sin duda se destaca el de contener el primer plano que se conoce de Guayaquil. Este, aún cuando de muy pobre trazado, permite apreciar cómo quedó constituida la ciudad luego de su fragmentación a finales del siglo XVIII y la conformación final de lo que se dio por llamar "Ciudad Nueva".
Esta división urbana de Guayaquil, en Ciudad Nueva y Ciudad Vieja, marcará su desarrollo evolutivo por más de un siglo.







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